(1 ª parte)
Queridos Amigos:
Aquí empieza una nueva historia.
8 de Junio de 2005: Campo base del Nanga Parbat, Vertiente del Diamir.
Dicen que el campo base del Nanga es el más bonito de todos los ocho miles, con sus flores, marmotas, corrientes de agua y demás. Ese era un gran aliciente par esta montaña, pero vamos a tener que esperar, ya que todo esto está de momento bajo dos metros de nieve.
Hasta aquí hemos llegado por el valle del Diamir en tres días de trekkin. El valle es precioso, tiene 4 o 5 pueblos a lo largo de su recorrido, y grandes bosques de conifera. El tiempo ni fu ni fa. Todos los días tenemos un ratito de buen tiempo, un ratito de nieve…
El monte es impresionante, 4000 metros de pared sobre nuestras cabezas. Está muy cargado de nieve, y esta noche han caído otros 25 cm. Ayer comenzamos con la organización del campamento, que hoy continuaremos, y si el tiempo permite saldremos mañana o pasado a montar el campo 1. Tan solo hay 2 expediciones mas, unos franceses y el suizo Andre Jeorge, con el que coincidimos en los Gasherbrum.
Ya comenzamos a tener la sensación de Campo Base, las mismas tiendas, la misma cocina, el mismo cocinero (Ghoulam), la misma comida… eso sí afortunadamente distinta montaña, distintas situaciones, distintas sensaciones, otros compañeros de expedición; en esta ocasión somos 14, aunque partimos desglosados. En el primer grupo nos acompañan: Javier Huarte (compañero de los Gasherbrum), Javier Garrido (de Tarrasa), Diego Amador (de Tenerife) y Manuel Vázquez (Sanitario del Clínico de Zaragoza).
Llegamos con 80 porteadores y 10 burros. Días de 1000 m. de desnivel, acampamos uno de los días en el colegio de un pueblito (Sair), Ghoulam preocupado por su situación, siendo Baltí no esta bien visto entre los de Chilas (los del kalasnikov).
La salud no es mala, algunos con alguna diarrea ligera, Willy con algo de anginas, Manuel y yo con los clásicos dolores de cabeza. Nada que no se pase con unos días de descanso.
(2ª parte)
Queridos amigos:
Aquí estamos con buenas noticias, impacientes por aproximar a esta montaña, de calentón y aprovechando la motivación, el jueves - 9 partimos los 5 de madrugada hacia el C1, con 500 m. de cuerda, y dos tiendas. En tres horas nos plantamos a 4900 m. sobre una ladera muy inclinada, tan solo hay instalada una tienda. Pegados a un espolón al resguardo de las avalanchas, comenzamos a cavar, no se ni cuanta nieve pudimos quitar de allí, 2 horas de pico y pala, para conseguir un emplazamiento para las 2 tiendas, algo apretadas, claro!.
La aproximación hasta el C1 fue estupenda, la nieve dura, nos permitía caminar con rapidez, aprovechamos para sacar buenas fotos e imágenes. El regreso algo mas pesado, el sol cae a plomo y la nieve esta sopa, nos hundimos cada tres pasos, con ganas de llegar al base, saboreamos ya ese embutido.
Ha sido un buen golpe moral montar el C1 tan pronto y bien. Todavía nos queda mucho trabajo, para empezar, en la próxima salida, tendremos que equipar con cuerdas el corredor que nos ha de llevar al C2. Esperamos que si el tiempo es bueno podamos hacer este trabajo en dos días a partir de mañana. Una vez montado el campo dos y teniendo la ruta equipada hasta allí, las cosas se verán de otra manera. Pero eso está todavía por llegar…
La vida en el C.B. es agradecida. Tan solo estamos a 4200 m., el cuerpo nos lo agradece, dormimos como angelitos, y tenemos buen apetito. Ghoulam nos preparo una barbacoa de pollo. Y se preguntaran como, pues estos que son muy apañados, se trajeron carbón, y la materia prima subió con nosotros. 2 gallos y una cabra. Esta duro menos, pero los gallos nos han estado despertando hasta ayer.
Estos días están siendo mediocres, la mañana es limpia pero hacía medio día entran las nubes dejando alguna nevada débil a las tardes.
(3ª parte)
Viernes, 10- Junio
Me despierto, hace calor, hoy dormimos algo mas, esta mañana no cantaron los gallos. Nos levantamos con la cara algo inflamada, ahora sé que es parte de la aclimatación, el cuerpo esta reaccionando, los dolores de cabeza están ausentes. (Es una ventaja saber los pasos que sigue el cuerpo en la aclimatación, aunque se pierde un poco la incertidumbre de la 1ª vez.).
Aprovechamos el día para el aseo, lavar la ropa… El día, cambiante, por ahí aproximan nubes, nubarrones, nieve, eso si, cuando sale un rayito de sol, no hay quien aguante dentro de la tienda, pero al instante los pies helados.
Mi tienda, mi rinconcito, mi hogar de 180 x 250 x 135 cm. En el que solo se puede estar tumbado o sentado, en el que cada cosa tiene asignado su hueco. Me las ingenio para colgar la ropa dentro, efecto invernadero, es la única forma de que se seque.
Viendo que las mañana son buenas, intentamos salir, hacer otro porteo al C1, aprovechar la mañana, cansarnos un poco, que parezca que hacemos algo. Nos levantamos cada mañana a las 4:00 a.m., con intención de hacer ese porteo. Pasan los días, 1 día de actividad 5 de descanso, no nos salen las cuentas, pero el tiempo no nos deja otra. Esta nevando bastante, cada mañana el Nanga nos enseña su cara durante unas horas, para que podamos apreciar cuanta nieve acumulo ese día. Avalanchas de nieve polvo van descargando durante el día a la vez que vuelve a acumular durante la tarde, noche.
Nos echamos a la vida, buena comida, buenos momentos, risas, bromas, vaciles… Nos mantenemos optimistas, aun nos quedan días. Leemos los correos, palabras calidas de la familia, palabras de animo, palabras que se agradecen desde aquí, de todos vosotros, de todos los que nos seguís.
(THE END)
Queridos amigos:
Debido a las circunstancias, no he podido escribiros antes. muchos ya sabeis lo que me ha pasado pero aún y todo os lo contaré de primera mano.
Hoy a 27 de Junio de 2005, desde el Clínico de Zaragoza.
(…) Después de consultar y esperar el buen tiempo, decidimos salir, el 18 de Junio de madrugada con intención de equipar el corredor.
Salimos hacia las 12:30h a.m. Caminamos bajo la luz de la frontal y las estrellas, la noche es hermosa, la nieve helada nos permite ir a buen ritmo. Miro al cielo estrellado, ellas, vigilantes nocturnas, nos observan, ¡son tan hermosas!, siempre tan brillantes, nos ayudan a soñar, despiertan esa parte romántica que llevamos dentro.
Medito sobre el por qué de ésta extraña afición; entre todos me haceis sentir; despertais los más reconditos de mis sentimientos.
La dureza de la montaña me recuerda quién soy y el conocer nuevos amigos, nuevas formas de vida, me enseña como persona.No es solo pisar los ochomil metros, no es solo el escalar otras montañas.Es aprender a vivir, aprender a sentir.
Al llegar al C.1, “Nido de águilas” le llamamos, recogemos el material, cuerdas, pitones, tiendas… Una vez preparados nos adentramos en el corredor; a medida que avanzamos, la inclinación aumenta, trabajamos en equipo, colocando las cuerdas fijas.
El trabajo: buscar una buena fisura donde meter un clavo y fijar así la cuerda.La inclinación justa para subir a gusto, pero necesaria para asegurar la bajada.
Hacia las 10:00 a.m. notamos que la nieve se está transformando. Nos da tiempo a colocar unos 400 metros de cuerda.Hacemos un depósito de material a unos 5.500 m. y nos retiramos a descansar al C.1, “Nido de águilas”.
Derretimos nieve, picamos algo y nos echamos una siestecilla.
A la media hora, me despierto con hambre, me incorporo y empiezo a picotear de los pequeños manjares del C.1, cuando de repente oigo un fuerte ruido a la vez que noto un fortísimo golpe en la cadera que me desplaza al centro de la tienda, dejándome sin aire; me retuerzo de dolor llevándome la mano a la cadera.
Asustada, dolorida, con la mirada perdida, veo 2 caras, son Willy y Javier. ¿Qué ha pasado? Se preguntan.
No Rakel, no!... respira… respira por favor…-dice Willy-.
Lo intento, hace rato que lo estaba intentando –pienso-.
Parece que ya respiro. Willy me pregunta si puedo moverme, pero no puedo, tendida lateralmente sobre el suelo, no puedo mover la pierna aunque, sí, sí siento los pies.
Javier H. se apresura a ponerme el casco. No puedo dejar de llorar, dicen que no me preocupe, que fue solo el golpe, pero sus caras los delata.
Llegan Diego y Javier G. que estaban en la otra tienda. Willy llama por la emisora a Manuel Vazquez.
- Manuel, Manuel, ¿me recibes?... cambio.
Le cuentan lo sucedido. Por suerte acaban de llegar al campo base dos expediciones más: la de al filo y unos asturianos, entre ellos Jorge Echegoaga, médico.
Mientras sube un equipo de rescate con una camilla, me dan algo para el dolor. Comienzo a sentir un hormigueo en el pie, tengo sueño pero no me dejan dormir; Javier H. y Willy insisten en que beba. Me mantienen despierta, me dan tiritonas pero no tengo frío.
A las 2:30h, llegan los primeros: Jorge E.(médico asturiano), Andreu George (suizo),Pietr y Radek (checos), Gil (francés), Ivan Vallejo (ecuatoriano), y unos japoneses.
Jorge me inmoviliza con lo que tiene a mano y preparan una camilla de fortuna, con unos aislantes y una cuerda.
Envuelta en los sacos, no pierden tiempo en salir de allí.
Comenzamos la bajada; cada movimiento es agónico, no puedo evitar llorar de dolor, cada bache me arranca un ¡ay!, la bajada se me hace eterna, pero me impresiona la atención que recibo; todos colaboran para llevar la camilla. Antes de llegar al glarciar, oigo otra voz conocida, es Edurne Pasabán. De vez en cuando siento una mano que me sujeta la cara, manos cálidas, palabras de ánimo, de consuelo.
En el campo base nos espera Manuel Vazquez (sanitario de la expedición), con todo preparado: improvisó una enfermería en la tienda comedor.
A la de 3 y entre 5, me pasan de la camilla a la mesa. Manu me atiende como una madre, los mejores cuidados y más calmantes.
Ghoulam, angustiado, no deja de mirarme. Carlos Pauner se enteró de lo sucedido y subió hoy al base. Manu pasa toda la noche en vela, cuidándome, tomándome el pulso, preocupado por mi estado.
Creíamos que saldríamos del campo base al día siguiente, pero no fue así, el mal tiempo no dejó que se acercara el helicóptero.
El 20 de Junio, nos despierta temprano el ruido del helicóptero, alboroto en el base, nos pilló a todos durmiento. Deprisa y corriendo me meten en el helicóptero; no dio tiempo a despedidas.
Vinieron 2 lamas pequeños, me meten en uno de ellos pero no entro estirada; el copiloto me mete a empujones, me dobla para poder cerrar las puertas.
Agarrada al asiento trasero, con la cabeza incrustada en la puerta, con el ruido del motor, nadie oye mis lamentos. Willy consigue montarse en el otro por los pelos, y en el intentó perdió una zapatilla.
Por alguna extraña razón, nos llevan a Gilgit, e insisten en ir al hospital de allí en lugar de haberme llevado a Islamabad. No entendemos dónde estamos, parece la casa del terror; me sacan una radiografía con una máquina arcaíca, sujeta con cuerdas. Me trasladan a otro hospital, un doctor consulta las placas en las que solo se ve la mitad de la cadera y éste, por alguna extraña razón, me escayola la pierna.
Los traslados son odiosos, me mueven entre dos a empujones; me quitan la cánula que tenía del campo base e intentan ponerme otra; después de 2 o 3 intentonas, me niego, no quiero que me pinchen más. Ahora con el brazo amoratado, prefiero aguantar el dolor, no quiero calmantes, no quiero que me toquen.
Willy se pasa el día discutiendo con todos para sacarme de aquí cuanto antes, pero irremediablemente, pasamos noche aquí.
El 21 de Junio, por fín, llegamos a Islamabad. Otro helicóptero nos trae aquí.
Creíamos que aquí acabaría todo, pero no, aún no ha terminado.
Me vuelven a hacer placas y un scaner. El médico al verlas, no entiende por qué me escayolaron la pierna. Tengo la cadera rota y desplazada, por lo visto tuve un derrame interno de unos 2 litros de sangre. El médico dice que gracias a la musculatura, no se desplazó mucho y que la aclimatación y la deshidratación de ese momento hizo que la hemorragia se detuviera a tiempo.
Bueno, ahora solo nos queda esperar. Esperar a que el seguro se digne a sacarnos de aquí.
Si no fuera por Willy y por todos vosotros no sé cómo saldría de ésta.
Al fin y después de 8 interminables días desde el accidente, vuelvo a casa.
¿Por qué he tardado tanto? ¿Qué parte de culpa tiene el seguro de esto?... yo estaba en sus manos.
Una sóla piedra de hielo cambió mi destino, mis sueños.Ahora solo pienso en la recuperación, en los primeros pasos, en el día en el que pueda volver a escalar.
THE END
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