La historia de aquellos diez años en los que la San Sebastián de mediados de siglo acoge en su seno una idea, un proyecto y una realidad en marcha.
EL DICHO POPULAR ES SABIO, "hay que sembrar para recoger". Cuánta inquietud, alegría, y también incertidumbre, rebosaban aquel 20 de Mayo de 1950 entre el grupo de jovencitos de clase bien que hacían realidad una ilusión anhelada hacia ya algún tiempo. Creaban entonces su club, el mas innovador de los existentes en Donostia, influidos por la vecina y adelantada Francia. "Con el objeto de extender la afición y practica de campamentos (....)", dicen sus estatutos, que realmente camuflaban la idea originaria de hacer montaña mas allá del Pirineo, llevando a cuestas una simple tela y unos palitos de bambú. Y mientras en la calle se vivía el trasiego cotidiano de los pescaderos, mieleros y botilleros que vendían aun a voz en grito sus artículos, y la ciudad comenzaba a crecer, viendo como inauguraba el Sagrado Corazón en el monte Urgull y el primitivo estadio de Anoeta, apenas una docena de veinteañeros, reunidos en el local de la calle San Marcial, cedido por el inquieto, y alma mater de la nueva sociedad, Manolo Galdona, sembraban la semilla. Poco después germinaría y a lo largo de medio siglo ha dado frutos de muchas clases y colores, teniendo siempre el pigmento verde blanco y azul, que caracteriza su inconfundible e inmutable escudo.
Patrulla formada por: M. Urreta, F. Vidal y N. Casado
1ª clasificada entre 120 patrullas, en la Marcha Regulada del Fortuna de 1955
LEHEN URRATSAK
EGONEZINA, poza eta, era berean, zalantza ziren nagusi gazte talde haien ametsa errealitate bihurtu zen 1950ko maiatzaren 20 hartan. Proiektuaren aita Manolo Galdonak utzitako San Martzial kaleko lokalean hazia erein eta Club Vasco de Camping elkartea bere lehen urratsak ematen hasi zen. Kanpamenduak egitea izan zen estatutuetan jarri zen jarduera nagusia, nahiz eta elkarteak benetan suspertu nahi zuena batik bat mendizaletasuna izan. Hazi hark 50 urteren buruan, mota eta kolore askotako fruituak eman ditu.
Hasieratik izan zuen elkarteak bere baitan Carlos Santamaria, Francisco Yarza edota Jesus Gijarro bezalako jendea. 410 BAZKIDE URTE BATEAN
Elkartea denbora laburrean modan jarri zen. Beti ateak irekiak izaten zituen edonorentzat eta berehala, gazte askoren topaleku bilakatu zen. Asteburuetan eta oporraldietan mendira egiten ziren irteerez gain, arratsaldero egoitza ping-pongean eta xakean jolastera edota, besterik gabe, solasalditxoren bat izatera hurbiltzen zen gazteez betetzen zen. Hori guztia, hilean 6 pezetako kuotaren truke. Garai hartako kideek gogoratzen dutenez, gutxienez 12 ezkontza sortu ziren topaleku hartatik, “hain ziren politak Club Vasco de Camping-eko neskak...” dio Vidalek. Ezkontzak direla eta ez direla, kontua da, urte betean, sortu zuten 20 bazkide izatetik 410 bazkide izatera pasa zela elkartea.
Lehen irteera Urbiara egin zuten, hortik aurrera, Europan barrena hainbat eta hainbat bidai egin zituzten: 1951n Florentzia eta Erroman izan ziren eta Pio XII Aita Santuak hartu zituen; hurrengo urtean Suitzara hurbildu ziren Neuchatelera hain zuzen ere; 1953an Austriara... Elkartearen lehen hamar urteetan, kultura, turismoa eta mendizaletasuna uztartzen zituen hainbat bidai egin zituzten gazteek.
Urteak aurrera egin ahala, eskia eta goi mendia gero eta gehiago nagusitzen dira elkartearen jardueretan. Neguan eskiatzera eta udan: Adarrara, Andatzara, Pagoetara, Erniora..._ GOIZEKO BOSTETAKO MEZA
Ibilaldi hauek egiteko goiz atera behar izaten zen. Egokiena goizeko 5:30etako trena hartzea zen. Baina bazen garai haietan huts egiterik ez zegoen zerbait, meza, alegia. Manolo Galdonak dioenez, hain goiz jaikitzeko prest zegoen apaiza aurkitzea kosta egin zitzaion baina azkenean, bera meza-laguntzaile zela, Francisco Yarza apaiza hasi zen igandero meza ematen goizeko 5:00etan Norteko geltokian. KULTUR EKINTZA UGARI
Argazkigintzak hasieratik izan du izugarrizko arrakasta elkartean. Arratsaldetan mendizale ugari etortzen zen egoitzako argazki-laborategira, nazioarteko lehiaketa sortu zen. Baina ez zen hori ekintza bakarra, antzerki talde bat eratu zuten eta euskara ikasten aritu zenik ere bazen, ez edonolako irakaslearekin gainera, Jon Etxaide baitzen euskara irakasten zuena.
1954: Al pie del glaciar de la Brenva, al fondo el Mont Blanc
En San Sebastián acaba de constituirse una nueva entidad denominada Club Vasco de Camping (...). Los animosos jóvenes que integran esta agrupación no se proponen solamente practicar el deporte, sino instruirse con el estudio de la Naturaleza; combinar el deporte y la cultura”, decía la columna de aquella histórica fecha de 1.950 en el diario la Voz de España, presentándose nuestros antecesores de este modo en sociedad y oficialmente. El fruto está echado.
Varios meses de arduas tareas burocráticas son necesarios, y hasta ocurrentes artimañas para hacer frente al rechazo inicial de la Federación Española de Montañismo, cuyo delegado provincial es entonces el infortunado Peciña. “Consideraba que había saturación de clubes de montaña en nuestra ciudad, y nos costó convencerle de que teníamos que echar a andar” — puntualiza Maritxu Urreta, socia fundadora —“ La pieza clave fue el registrarlo con el nombre Vasco de Camping y establecer el campismo como eje de operaciones, además de contar con personalidades como Carlos Santamaría y el padre Francisco Yarza, miembros de Conversaciones Católicas Internacionales, Jesús Guijarro quien movía los hilos en Madrid y el padre del proyecto Manolo Galdona”.
Mayo 1950 Inaguración del local social
EL CLUB ESTÁ DE MODA
Las puertas están abiertas y se convierte rápidamente en centro social y punto de encuentro de entusiastas muchachos. “Había una necesidad de promover algo distinto a lo que hacían los clubes del momento. El Amaikak-Bat, el Fortuna y la Capu nos miraban con recelo. Éramos los niños bonitos, hasta que pronto comenzamos a ganar las marchas reguladas y las pruebas de esquí de fondo”, recuerda Fernando Vidal, socio número 10 y durante aquellos años encargado de las salidas dominicales.
Es el tiempo de vivir en la calle y de las romerías en Hernani y Renteria; de pertenecer a grupos sociales de danzas, coros o deportivos en los que mozos y mozas encuentran el medio de relacionarse y coquetear. Cantidad de bodas, más de una docena, salieron del club en aquella década y es que como confiesa Vidal, “las mujeres que venían eran francamente bellas”. El Boletín Informativo del año 55, lo constata, “¿...dónde se va a encontrar a chicas tan guapas, hacendosas, simpáticas y formadas, como nuestras consocias? (...)” y a renglón seguido anuncian las bodas del presidente J.M. Arostegui, la del vicepresidente, J. Guijarro y la del tesorero, con socias del Club. Apenas una muestra de los muchos amores surgidos.
Todas las tardes el local se llena de jóvenes que hablan, juegan al ping-pong, al ajedrez o simplemente preparan la salida del fin de semana. Todo por una cuota mínima mensual de 6 pesetas.
De los 20 socios fundadores, pasado el año, cuentan con 410, lo que demuestra que a pesar de que en algunos círculos de la ciudad los comentarios son desfavorables y contrarios aesa práctica traída del extranjero, de hacer “la camping”, lo cierto es que se va poniendo de moda. “Éramos unos avanzados para aquel tiempo” —afirma Maritxu— “para la mentalidad de entonces, a años luz de Europa, el pasar la noche en el monte, protegidos con aquellas simples telas, chicos y chicas juntos, estaba mal visto, y eso que un equipo costaba 1.000 pesetas”.
UNA VISITA AL PAPA IMBORRABLE
Urbia, es el lugar elegido para hacer la primera salida, luego vendrán otras de más nivel, como el inolvidable viaje a Florencia-Roma, en agosto de 1.951, para asistir al XII Congreso Internacional de Camping, en el que el grupo folklórico del Club queda en primer lugar, ante 17 países. “Nuestros bailes y música gustaron mucho, y también nuestras chicas; el director de cine Aldo Florio se quedó prendado de Ana Mª Parra y quería que participase en una película que estaba rodando”, revela divertido Fernando.
Va a ser una experiencia difícil de olvidar, especialmente por la recepción con el Papa Pío XII, en la que los veinte donostiarras viven unos momentos bochornosos, cuando a uno de ellos se le cae la cantimplora, y se produce un buen revuelo.
Al año siguiente también participan en la Convención Internacional de Campistas desarrollada en Neuchatel (Suiza), donde de nuevo el éxito es rotundo. “Fue impresionante, tres cuartos de hora bailando sin parar. Estábamos tan eufóricos que Juanito Urteaga, compuso allí mismo, el himno del Club para banda de txistularis y voces mixtas, que ahora ha quedado en el olvido”, confiesa nuestro interlocutor.
Estos viajes cultural-turístico-montañeros de acampada caracterizan los veranos de los socios en los diez primeros años de vida; en el 53, tres autobuses al Tirol austriaco, por 2.750 pesetas, en el 54 de nuevo a Roma y al valle de Aosta, al pie del Mont Blanc, donde los amantes de la alta montaña se acercarán al Cervino y al Monte Rosa, en el 55, a la Selva Negra alemana, en el 56 a Holanda... El que pronto sería presidente, Perico Elcoro tenía razón cuando en el boletín número 9 escribe, “el mundo se nos está haciendo chiquito a los del CVC”.
Agosto 1951 Recepción con el Papa Pio XII
1958 En la cumbre de Irumugarrieta
EL ESQUÍ DA FAMA AL CLUB
Pero, la vida cotidiana va marcando otras preferencias. Del campismo, las inclinaciones evolucionan rápidamente hacia el esquí, el excursionismo y a la alta montaña.
La práctica deportiva favorita de los socios da fama y los autobuses salen abarrotados rumbo a Aralar y a Otzaurte. “Arrasábamos en todas las pruebas, las mujeres sobre todo”. Ya en el año 55 se organizan conferencias teórico-prácticas sobre esquí, impartidas por Amardocho La Fuente y Ramón Fernández.
Y si en invierno se va a esquiar, el resto del año las excursiones montañeras centran el calendario. Al Adarra, Belkoain, Mendizorrotz, Andatza, Pagoeta, Ernio o Izaspi les va llegando su momento.
LA MISA DE LAS 5 DE LA MADRUGADA EN LA ESTACIÓN
El punto de encuentro es la estación de Norte, donde gracias a la mediación de Manolo Galdona, los socios del Club, y todos los mendizales donostiarras, a partir de mediados del 51, pueden adelantar sus salidas y recibir el sacramento en la misma estación. “Me costó encontrar a un cura que quisiera madrugar tanto para oficiar la misa allí, fue D. Francisco Yarza quien se prestó a ello. Yo, a cambio hacía de monaguillo. Así, conseguí la celebración de la primera misa de las 5 de la madrugada en la estación del Norte”, comenta su precursor.
El tren, en especial el de las 5.30 horas, es el principal medio de transporte utilizado, aunque también se recuerdan los divertidos trayectos en la camioneta del panadero o del lechero de turno.
1952
Primer Premio de Danza en Neuchatel (Suiza)
“Salida al Tourmalet y a Benasque. Los interesados pasen por secretaria”, reza una nota en el expositor. Corre el verano del 53 y la sección de montaña organiza estos dos viajes, al tiempo que en los periódicos locales se anuncian sus excursiones del domingo. “Son los años en los que organizamos nuestro primer curso de escalada con profesores venidos del Peñalara madrileño” —recuerda Vidal— “De todos los que nos apuntamos, al final quedamos diez alumnos, y en ocho días aprendimos la base de la escalada en Santa Bárbara y Aiako Harria”.
Son los inicios y, aunque entonces el Club no había abierto la triste lista de socios muertos en las montañas, una representación sí estaría presente en la cumbre de Karrakain el 30 de octubre de 1.955, cuando se inaugura el monumento de Besaide en recuerdo a los mendizales fallecidos. Su construcción sería posible gracias al donativo de las diferentes sociedades mendizales, entre las que se encontraba el Club Vasco de Camping, con una aportación de 100 pesetas de la época, tal y como quedó plasmando para siempre en la lista de donantes.
1958: Montañeras del CVC en Aralar
FUERTE AFICIÓN A LA FOTOGRAFÍA
Mientras tanto, de 19.30 horas a 22.00 de la noche, el local sigue acogiendo a cada vez mayor número de mendizales aficionados a la fotografía, que verán cómo pronto, se crea su pequeño laboratorio y sin subir las cuotas se compra un proyector de cine sonoro. “Al poco de fundarnuestra sociedad organizamos un concurso internacional de fotografía, el Salón de Otoño. Fue todo un éxito, incluso en ediciones posteriores le llegamos a pedir fotos a Maurice Herzog”. Son palabras de Maritxu, la organizadora.
Se palpa una enorme riqueza cultural e imaginativa, y sobre todo inquietud e iniciativas. “Hubo clases hasta de euskera, siendo profesor el académico de Euskaltzaindia y socio del club, Jon Etxaide, e incluso se formó un grupo de teatro, Cuadro de Arte, precedente del famoso Antígona de principios de los 60”, adelanta nuestro confesor, participante también de la sección motorizada del Club, que planeaba excursiones en sus Lambretas y Vespas, para acercarse a Saturraran, Lekeitio o Biarritz, a la vez que chuleaban de quién era el más rápido. “Tonterías de juventud”, sentencia.
“Los tiempos cambian, pero sigue la misma mentalidad de entonces: el ir al monte a disfrutar, sin más”, comentan Maritxu Urreta y Fernando Vidal, plantadores de aquella primera siembra, una de las más laboriosas.