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Las hojas del calendario van sucediéndose, vivimos en un período de transición y cierta apatía en los distintos sectores montañeros de la capital guipuzcoana.
A finales de 1976 un grupo entusiasta de jóvenes, animados por un interés común, basado en el conocimiento más profundo del entorno que genera la montaña, crea la Sección de Ciencias incorporándose de esta manera en el organigrama del Club Vasco de Camping.
En la década de los ochenta, los miembros de dicha sección desarrollaron una interesante actividad en diferentes facetas culturales relacionadas siempre con la naturaleza.
Los montes de Oiartzun vieron brotar nuevos retoños de robles y hayas plantados por estos jóvenes. Asimismo, colaboraron en mejorar el hábitat natural de pequeñas aves: herrerillos, carboneros, camuchuelos, escribanos entonaron sus mejores melodías en los bosques de Leizalarrea o Aralar en agradecimiento por sus nuevas cajas/nido allí instaladas.
Por otra parte, contribuyeron a la ampliación del catálogo arqueológico del País Vasco con el descubrimiento de nuevos e importantes monumentos megalíticos en diferentes puntos de nuestra geografía.
Dignas de recordar fueron las interesantes exposiciones de mariposas e insectos, así como la de fósiles y minerales que se celebraron en el local social del Club.
Con el discurrir de los años, los miembros de esta Sección de Ciencias fueron orientando sus vidas con diferentes rumbos, la unidad de dicha sección como tal, fue diluyéndose con el tiempo.
Sirvan estas breves líneas como recuerdo a esas mujeres y hombres anónimos que tantas horas dedicaron a la naturaleza en el Club.

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