| El Club una
voz inglesa con diferentes significados, aunque en todos los casos se
relaciona con alguna asociación de individuos. |
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En nuestro caso, el Club es un grupo de personas
que se reúnen en sociedad con el fin de practicar un recreo,
el del montañismo, entendiendo, hoy en día, en esta
palabra, todas las disciplinas que practicamos en la naturaleza, que
son muchas.
Luego, el Club, un ente abstracto dirigido y administrado por personas,
debe tener unos fines. El nuestro es organizar el deporte del montañismo,
con una simbiosis muy diferenciada a otros deportes. Y nuestro lema:
ayudar de muchas maneras, a que nuestros socios puedan hacer realidad
sus ilusiones y proyectos.
El Club, todos, necesita un punto de encuentro, un local social donde
puedan citarse los socios, reunirse para planificar, discutir, entretenerse
y sentirse representados. Ese sitio, en nuestro caso, es una antigua
bodega reconvertida, decorada desde su inicio como un refugio, con
cuatro estancias separadas, situada en una céntrica calle donostiarra.
Las sucesivas y continuas reformas sufridas, no han variado su concepción
inicial, conservando objetos decorativos, fotografías y hasta
las maderas originales. Ello hace que algunos pocos asiduos visitantes
se extrañen de los pocos cambios producidos en los 50 años
de vida en este entrañable local de nuestro Club.
Quedan, igualmente, a modo de recuerdo, el pequeño cuarto cuyo
uso inicial fue de laboratorio, donde aún hoy se conserva la
ampliadora y otros elementos para el aprendizaje del arte fotográfico,
y especialmente como si de unareliquia se tratara, serviría
para alguna proyección cinematográfica, sin duda, aquel
proyector en 16 mm., único en su género que tantas películas
proyectó en la pantalla del Club. ¿Quién no recuerda
aquellas sesiones multitudinarias, repletas de aficionados ávidos
de presenciar excelentes películas de montaña que nos
cedían las embajadas de los países alpinos en los años
70?. El pequeño espacio destinado a los actos culturales deportivos
era un hervidero de sensibilidades, ¡no cabía ni un alfiler!.El
auge del montañismo ha relegado las sesiones a otros locales
de más envergadura y el nuestro queda para actos más
domésticos y también para nuestro concurso fotográfico,
las proyecciones y el reparto de los premios, tras el fallo del jurado.
Sigue siendo un lugar idóneo para impartir los diferentes cursillos
teóricos que organizamos. |
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El local alberga además, una surtida biblioteca,
siempre muy animada con jóvenes que buscan información
para sus “escapadas”, una sala de reuniones, que debemos
ordenar porque se acumulan excesivos elementos, y la sala de estar.
En su momento, sin ser departamentos grandes, eran suficientes, y
hoy en día con el cambio de costumbres, también los
son. El Club ya no es el centro social donde nuestros afiliados van
a descansar y a conversar asiduamente, pero para actitudes puntuales,
para obtener servicios necesarios, para la mejora de su práctica
deportiva, que nosotros les damos para apoyarles y ayudarles a llevar
a buen fin sus planes, sigue vigente.
Cierto que en alguna ocasión, el local “se queda pequeño”,
por ejemplo en la semana del Mercadillo, una cita ya tradicional antes
de la temporada invernal y punto de encuentro de amigos, ante la época
que se avecina.
Y nos queda la oficina, el reino de nuestra secretaria, Amelia, donde
se “confiesan” los miles de aficionados que por allí
desfilan. Ésta sí ha sufrido modificaciones para adaptarnos
a los tiempos del ordenador, el fax e internet, y aunque es pequeña,
sigue cumpliendo con su cometido.
En los últimos años, y a menudo, la frenética
actividad de nuestro Club origina puntuales colas ante la secretaria.
Es síntoma de buena salud. La escalera de caracol posibilita
el estancamiento, pero no nos preocupa porque nuestro campo de acción,
nuestro juego se desarrolla en espacios abiertos, en la naturaleza,
a donde nos dirigiremos desde el Club. Este sólo es ese lugar
que se necesita para conocernos, entablar amistades y preparar las
“salidas” montañeras. |
| ERRIMAIA / nº 51
/ 2000 |
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